México Profundo Reseña

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México Profundo

Una civilización negada

Guillermo Bonfil Batalla

En este clásico de la antropología mexicana, Guillermo Bonfil Batalla nos presenta la tesis de la presencia de dos proyectos o matrices civilizatorias en nuestro país: el México imaginario, representado por los esfuerzos de copiar o imponer modelos occidentales externos de desarrollo; y el México profundo, el que representa a la civilización mesoamericana presente en la cultura y prácticas cotidianas de millones de personas indígenas, campesinas y de comunidades tradicionales (tanto rurales como urbanas). Propone que los fracasos sucesivos en la aplicación de modelos y recetas de desarrollo que abrevan de la cultura occidental se deben a su falta de correspondencia con la realidad y aspiraciones de la mayor parte del país, la cual sigue viviendo, pensando, soñando y planeando su futuro según la matriz civilizatoria mesoamericana. Afirma que esta última civilización es una negada debido a los más de 500 años de opresión colonial en los cuales implícita y explícitamente se ha pretendido eliminar esta milenaria tradición y suplantarla con la occidental. Así, desde la evangelización y conquista espiritual, hasta la política integracionista indigenista de mediados del siglo XX, pasando por los esfuerzos de “mejorar la raza” y blanquear al país en el siglo XIX, se ha visto a lo indígena como una cultura inferior que es necesario cambiar, modernizar, asimilar o mestizar; repetidamente se ha intentado, por distintos medios, lograr que los mexicanos (particularmente los indígenas) dejemos de ser nosotros para ser más españoles, franceses o gringos. Esta aversión hacia lo indígena contrasta con la valoración que desde la colonia (particularmente por parte de la población criolla), pero sobretodo a partir de la independencia, y con renovado ahínco propagandístico, a partir de los gobiernos emanados de la revolución, se le dio a lo prehispánico como elemento de forjación de la identidad nacional; esto al aludir a un pasado glorioso, grandioso, que estamos llamados a emular y repetir como nación. Una idea interesante del libro es la del “mito del mestizaje”, según Bonfil Batalla, aun cuando éste es válido genéticamente hablando, no lo es en términos culturales y civilizatorios. En realidad lo que existe son dos segmentos de la sociedad en la que uno lleva una forma de vida estructurada a partir de una matriz cultural occidental, aunque sí, influenciada en gran medida por la cultura mesoamericana; el otro segmento, mayoritario según el autor, estructura su cotidianidad y aspiraciones a través de una matriz cultural y civilizatoria eminentemente mesoamericana, aunque efectivamente muy influenciada (por medio de una brutal y prolongada imposición colonial) por elementos occidentales.

 Dos ideas muy importantes para entender las tesis de esta obra son el hecho de una continuidad colonial (interna y externa) en México, y la teoría del Control Cultural del propio autor. El primer punto es históricamente validado en este libro haciendo un recuento de cómo a través de los distintos periodos de nuestro país, desde la consumación de la independencia (llevada a cabo por criollos con tropas indígena), pasando por los primeros años de vida independiente, la guerra de reforma, la intervención francesa, el porfiriato, la revolución y el siglo XX, los distintos proyectos de país (incluso aquellos en pugna) y quienes los han detentado, han tomado lo occidental como un modelo aspiracional (la discrepancia ha sido entre qué modelo específico de desarrollo adoptar dentro de la civilización occidental -liberal o conservador; capitalismo o socialismo, etc.- pero nunca se ha cuestionado a lo occidental como matriz civilizatoria). Así, sobre la base de que la conquista y colonización fue llevada a cabo por una potencia occidental sobre los pueblos mesoamericanos, se puede concluir que, en efecto, la colonización no ha cesado (los criollos y mestizos se independizaron de los peninsulares; pero no se retomó el proyecto civilizatorio de la cultura original de este territorio). En cuanto al segundo punto, el la teoría del control cultural, trata sobre la dependencia o independencia que tienen las  comunidades o grupos étnicos (culturalmente diferenciados) en la capacidad de decisión sobre el uso y continuidad de elementos culturales propios y ajenos. Esquemáticamente este modelo se explica así:

Decisión propiaDecisión ajena
Elemento cultural propioCultura AUTÓNOMACultura ENAJENADA
Elemento cultural ajenoCultura APROPIADACultura IMPUESTA

La dinámica cultural de las relaciones interétnicas el autor las explica mediante mecanismos de resistencia, adopción e innovación.

 Con base en lo anterior, Bonfil Batalla propone la construcción de un Estado Pluriétnico que reconozca a sus distintos pueblos y culturas su derecho a la diferencia y al desarrollo endógeno. No propone desechar todos los elemento occidentales en un proyecto de nación propio, sino “ver a occidente desde México y no a México desde occidente”.  Como elementos iniciales propone el reconocimiento territorial de los pueblos culturalmente diferenciados  y el ensanchamiento del ámbito de decisión(o control cultural) de estos pueblos sobre su cultura y autodeterminación; como un segundo paso imprescindible propone la construcción de escalas territoriales mayores a las comunidades y localidades con esa misma capacidad de decisión autónoma, con base en elementos culturales históricamente similares y continuos.

 Por último, sólo valdría recordar el contexto histórico en que se escribió este libro; salió a la venta en los últimos años de la “década perdida” de 1980, la segunda edición (la que yo leí) apareció después de las elecciones de 1988, e incluso en un prefacio se hace alusión al fraude electoral que entonces se sospechaba y del que actualmente casi nadie duda; es decir, era un momento de gran desesperanza nacional ante continuas crisis económicas, políticas y de desarrollo. Pero sobretodo hay que recordar que es un libro pre-1994; lamentablemente Guillermo Bonfil Batalla no pudo ver el más genuino (a pesar de todo) levantamiento del México profundo de las últimas décadas (murió en un accidente automovilístico en 1991). El levantamiento zapatista significó una revaloración y autovaloración de lo indígena, significó el reconocimiento a la diferencia cultural, y en gran medida el cese de las políticas “integracionistas” de los indígenas al México mestizo. Sin embargo esto se logró en el marco de la profundización del proyecto neoliberal en nuestro país y todo lo que esto significó, particularmente la honda crisis del campo; así hoy, el indígena encuentra su identidad revalorada pero su medio productivo inviable. Es interesante leer esta obra a 25 años de su publicación y constatar lo mucho que todo cambió para seguir igual; en lo personal encontré algunos pasajes un poco esencialistas, así como una visión un poco romántica de la comunidad indígena, y en contraparte cierta intolerancia hacia el medio urbano “occidental”, sobre todo hacia las clases medias “lumpenproletarias”. Sin embargo, comparto y suscribo la idea de que vivimos una crisis civilizatoria que no se limita al contexto nacional; sólo que no estoy seguro que la cultura mesoamericana tenga todos los elementos para resolver esta crisis, sobretodo porque la conquista y más de 500 años de colonización sí la desestructuraron en gran medida  (por otra parte hay que recordar que la cultura mesoamericana sólo alcanzó a desarrollarse hasta escalas de ciudades-estado, por lo que presentaría soluciones o alternativas a esta escala). Pero sin duda contiene elementos muy valiosos para proyectos de vida comunitarios y locales.

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Y este otro sobre ¿quiénes son los Pueblos Indígenas?

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