¿Siempre son mejores los procesos participativos? depende…

Actualmente la mayoría de las agencias e instancias que promueven algún tipo de desarrollo hacen hincapié  en poner en marcha procesos participativos en la ejecución de sus programas y proyectos. Pero ¿los procesos participativos llevan siempre a los mejores resultados?

Las contradicciones de la participación me quedaron claras cuando en una comunidad en los Altos de Chiapas me comentaron sobre un grupo  de mujeres indígenas (que tenía que ver con temas de género) en el cual las propias integrantes habían designado a un hombre como líder que las representara. Ellas argumentaban que los hombres sabían tratar con el fuereño, tenían la costumbre de salir de la comunidad y hablaban mejor el idioma. Aún cuando estas condiciones son ciertas, el que las mujeres no cuenten con estas capacidades es consecuencia de los proceso de exclusión histórica en la formación de las comunidades rurales de esa región. Para que estas mujeres puedan participar en condiciones de equidad es necesario que poco a poco vayan adquiriendo todas estas capacidades para la participación y toma de decisiones, es decir que se vayan empoderando.IMG_1342

Después del fracaso de iniciativas verticales e impositivas de desarrollo, hoy existe consenso sobre la importancia de involucrar a la población beneficiaria en todas las etapas de un proceso de cambio, de manera que ésta asuma al mismo como propio. Sin embargo, “participación” se ha vuelto un término enajenado que ha perdido connotación semántica por su excesivo uso y abuso. De acuerdo a sus críticos, ha habido una apropiación del discurso participativo con fines de cooptación, propagandísticos y de despolitización; así mismo se puede propiciar una participación “teleguiada”,  vertical y simulada que se usa  para “cumplir” con reglas de operación u otros trámites con fines de legitimación. Estos procesos seudo participativos no permiten al individuo cuestionar, discutir o proponer visiones alternativas de desarrollo; es decir se le permite participar sobre opciones técnicas que ya han sido determinadas, no sobre cuestiones estructurales.

Algunos de los resultados indeseables de la participación “requerida” es la simulación participativa, el `acarreo´, inducir la participación por medio de dádivas o amenazas, etc.  De tal manera que los beneficiarios terminan por adaptarse al discurso seudo participativo por miedo a  perder acceso a recursos que ven como “ingresos extra”, aun cuando “participativamente” se reproducen errores, malas interpretaciones de la realidad de las comunidades o como lo señala Roberto Diego(2008) “conocimiento de base ignorante”, que va siendo reproducido al citarse entre investigadores, medios y ONGs; así mismo se puede estar decidiendo, participativamente, llevar a un proceso al fracaso (no es raro que, participativamente, se decida repartir el dinero de un proyecto entre todos los beneficiarios, en vez de realmente ejecutarlo).  Otro de los posibles efectos perversos de la participación en la intervención planeada, es la creación de `elites participativas´ locales funcionales a los intereses del Estado y organismos de otra índole, que pueden agudizar las relaciones locales existentes de poder, exclusión y dominación.

Así, existen una serie de preguntas fundamentales a hacerse de cara a cualquier proceso participativo en desarrollo: ¿Quién participa? ¿Qué clase de participación? ¿Cómo tiene lugar? ¿Cuáles son las relaciones de poder y dominación que ensombrecen la participación de distintos actores sociales? ¿Quién se beneficia de este proceso? Ya que, tenemos la costumbre, romántica y esencialista, de pensar que lo que determine “la gente” siempre será lo mejor para ellas y ellos, y que el perverso actor externo es el que trata de imponer su visión por alguna obscura razón. Pero muchas veces son las propias  condiciones locales de exclusión, de falta de procesos participativos en las comunidades e inclusive de falta de capacidades para participar y tomar decisiones informadas las que pueden representar el verdadero riesgo de fracaso de un proyecto; así mismo, muchas veces el “conocimiento experto” en cuestiones técnicas tiene la ventaja de ver las cosas en una perspectiva estratégica más amplia, por lo que hay temas que no pueden ser decididos participativamente.

El dilema es complejo, en las localidades existen actores que sirven de interfaz entre el agente externo y el resto de la población, son las élites participativas de las que hablamos antes; estos suelen ser los sectores tradicionalmente más empoderarados, es decir, hombres maduros, con acceso a la tierra, con cierto capital social y autoridad dentro y fuera de la comunidad. Son los naturales primeros contactos del externo. Desafortunadamente, con estos actores “autorizados” solemos emprender los procesos participativos, contribuyendo así a profundizar relaciones de poder y exclusión, y construyendo un proceso seudo participativo y parcial que no incluye las visiones y necesidades  de mujeres, jóvenes y población sin tierra, por ejemplo.

Otro tema complejo es el de las capacidades para participar,  intentar decidir algo trascendente participativamente en los primeros encuentros que tenemos con una comunidad, es un error y una irresponsabilidad por partida doble, ya que por una parte es probable que los involucrados no alcancen a dimensionar  sobre qué se está decidiendo ni sus alcances, y por otra se presenta el resultado como verdaderamente participativo. Con esto no pretendo invalidar el conocimiento con el que cuentan las comunidades rurales; yo no espero que me consulten sobre qué tipo de alumbrado necesita mi colonia, a menos que se me permita informarme de los pros y contras de cada una de las opciones, inclusive entonces habrá elementos estratégicos que solo quien administra un gobierno es capaz de dimensionar.

En suma, la participación debe entenderse como un proceso en constante construcción, en la que con el tiempo y la práctica, todos los involucrados van desarrollando capacidades y aptitudes para participar cada vez de mejor manera. Es por esto que, participar debe conllevar al mejoramiento de los individuos y de los diferentes tipos de asociaciones que ellos establezcan, debe significar un proceso de empoderamiento real de la población, que les dote de suficiente agencia para tomar su proceso de mejora en sus propias manos.

Bibliografía:

Diego Quintana, Roberto. 2008. Participación y empoderamiento a partir de experiencias de desarrollo rural en México: ¿cuál es la cuestión? En Gobernanza, participación y políticas públicas. Otoño 2008, No. 30. Política y Cultura. UAM-Xochimilco. México. Pp. 209-232

Gledhill, John. 2000 [1994] El poder y sus disfraces. Bellaterra. Barcelona, España.

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