¿De qué hablamos realmente cuando hablamos de pobreza?

“Pobreza” es uno de esos términos que usamos cotidianamente, que usamos para etiquetar y categorizar (desafortunadamente) a una gran parte de la población; que orienta a las políticas públicas y grandes cantidades de dinero en combatirla y erradicarla. Sin embargo, realmente qué engloba este concepto multidimensional.

Convencionalmente se considera a la pobreza como una condición socioeconómica de escasez en la que sectores de la población se ven impedidos de satisfacer sus necesidades básicas, tales como alimentación en calidad y cantidad, acceso a vivienda digna, salud, educación, etc. En tal sentido, esta es una interpretación económica que prioriza dimensiones tales como empleo, ingresos, consumo y niveles de renta de los hogares en relación a su capacidad de cubrir sus necesidades básicas. Sin embargo, pensando en la pobreza como una enfermedad, la incapacidad de las familias por cubrir sus necesidades debido a un bajo nivel de ingresos, son tan solo los síntomas visibles de procesos mucho más complejos.

 

Según un documento de la CEPAL y de acuerdo a Spicker (1999) se identifican al menos once formas posibles de interpretar el término: “necesidad, estándar de vida, insuficiencia de recursos, carencia de seguridad básica, falta de titularidades, privación múltiple, exclusión, desigualdad, clase, dependencia y padecimiento inaceptable”. De tal forma que a aquello a lo que denominamos pobreza, es un proceso mucho más complejo que solo una dimensión de falta de dinero.

 

Según Verdera (2007), no existe una teoría económica congruente sobre la pobreza, sino más bien enfoques o perspectivas que intentan explicarla o están orientadas a dirigir las políticas públicas para disminuirla. Según este mismo autor existen cuatro enfoques principales para abordar este fenómeno:

 

* Activos de los pobres: Propone que las familias pobres pueden salir de esta condición mediante el acceso a una serie de activos o capitales, o la mejor utilización de los ya existentes. Éstos se refieren tanto acceso a la tierra,  recursos económicos e infraestructura, pero también al capital social y humano, e inclusive el acceso y control del capital natural. De tal forma “las políticas contra la pobreza deberían intentar alterar el patrón de concentración de activos productivos subyacente, tanto del capital físico como del humano” (ibídem, 25), y/o propiciar un aprovechamiento óptimo de los ya presentes.  En este sentido, este enfoque contempla a los pobres como los actores principales de su proceso de desarrollo, el cual debe partir de los activos que ya tienen y propiciar el acceso a aquellos de los que carecen.

 

* El enfoque de las capacidades de Amartya Sen: conocido por su análisis y crítica a la medición de la pobreza, considera al desarrollo como la expansión de las capacidades humanas, en vez de fundamentalmente crecimiento económico. Rechaza la noción del ingreso monetario como medida de bienestar, en cambio se centra en la libertad de llevar una buena vida. Así, la pobreza es definida como el fracaso crónico de lograr capacidades básicas necesarias para este ideal de vida digna. El Índice de Desarrollo Humano, construido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que recoge elementos como esperanza de vida, alfabetización y otros indicadores de bienestar, no específicamente relacionados con el ingreso, se basa en las ideas del enfoque de las capacidades de Sen.

 

Sen, propulsor del concepto de “Desarrollo como Libertad”, sostiene que la pobreza y la marginación son barreras en el ejercicio de libertades fundamentales; en tal sentido propone entender “desarrollo” como la expansión y promoción de las libertades, capacidades y derechos de las personas y comunidades.  Es bueno tener un ingreso, pero éste no es suficiente para lograr una vida digna; la posesión de bienes e ingresos es útil solo en la medida que nos ayuda a lograr lo que consideramos valioso. Así, este enfoque pone acento, precisamente en la capacidad para lograr los objetivos en la vida que uno elige.

 

Así, una “buena vida” es una vida en que se puedan tomar decisiones genuinas y no que las circunstancias limiten el espectro de elección de las personas. Esta propuesta permite transitar desde un modelo centrado en el desarrollo económico, hacia un enfoque multidimensional de desarrollo humano y bienestar, bajo una perspectiva centrada en las personas y en su libertad para llevar una vida digna y lograr sus metas.

 

* La exclusión social: Se refiere a la condición de ciertas personas y grupos sociales que “enfrentan una escasez crónica de oportunidades y falta de acceso a servicios básicos de calidad, a los mercados laborales y de crédito, a condiciones físicas y de infraestructura adecuada, y al sistema de justicia (…)Así como acceso limitado a los beneficios del desarrollo (…) con base a su raza, etnia, género y/o capacidades físicas (…) dificultando su acceso a trabajos formales, a vivienda digna, servicios de salud adecuados, educación de calidad, y al sistema de justicia ” (ibídem, 47).  Este enfoque asume la multidimensionalidad de la pobreza, reconociendo que ésta no es una condición exclusivamente económica, y que la falta de recursos no es el único problema de los pobres, sino que además enfrentan marginación, subrepresentación y falta de derechos.

 

Según el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA, la exclusión debe pensarse como una gama muy diversa de situaciones materiales e inmateriales de carencia, discriminación, vulnerabilidad, dificultad de acceso a derechos, bienes y servicios, intolerancia y falta de representación. Así, la exclusión no debe entenderse como una causa, sino como un efecto y una práctica que se manifiesta hacia grupos sociales e individuos que viven en realidades heterogéneas (Torrens, 2015).   Así, las distintas formas de exclusión representan una parte intrínseca e histórica pero a la vez dinámica y cambiante, de la dinámica contradictoria del proceso de formación de las sociedades latinoamericanas.

 

Debe entenderse la exclusión como una manifestación del proceso de ruptura de la cohesión social, de erosión de la confianza y la cooperación. La exclusión es un proceso dinámico, interrelacionado y cambiante, que no sólo se refiere a las privaciones materiales, sino que deben tomarse en cuenta las formas subjetivas de exclusión que, de cierta manera, son causa y consecuencia de las formas de exclusión más concretas.

 

* El estructural, “que considera la pobreza como derivada de la estructura social de la economía, y en el que se inscriben los estudios sobre el impacto del ajuste y las reformas liberales sobre la pobreza” (ibídem, 24).  En tal sentido, este enfoque considera a la pobreza como una consecuencia de las contradicciones de la estructura económica de las sociedades capitalistas y las relaciones e interacciones reciprocas entre las fuerzas sociales que las conforman. Así “La pobreza se produce y reproduce en el marco de relaciones sociales condicionadas históricamente por la influencia del mercado y el Estado” (Cimadamore, 2008).

 

De tal forma, como se puede ver, la pobreza es un fenómeno multidimensional en el cual la insuficiencia de ingresos es tan solo la manifestación más visible de un proceso mucho más complejo que puede abarcar dinámicas de exclusión, falta de capacidades y factores estructurales. Así mismo, en las mediciones de pobreza existe un énfasis mal enfocado en monetarizar los indicadores, invisibilizando otras formas económicas presentes, sobretodo en contextos rurales, como la producción agroalimentaria para el autoconsumo, el tequio o trabajo colaborativo, el trueque, entre otras. De igual forma, muchos de estos indicadores tienen una tendencia de centrarse en rasgos de la modernidad eurocéntrica, soslayando otros mundos de vida de la alteridad, es decir, se enfocan en factores como pisos de cemento, techos de concreto, baños con drenaje etc. cuando quizá en muchos contextos lo más apropiado sea contar con piso de tierra apisonada, techos de guano o palma y letrinas o baños ecológicos.

 

Así, el problema con que no nos entendamos correctamente cuando hablamos de pobreza, es que nuestras estrategias para combatirla suelen estar mal enfocadas.

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